Creencias Mapuche sobre el embarazo, el parto y el puerperio


Los Mapuche o Araucanos  son un pueblo indígena de la zona centro-sur de Chile y del sudoeste de Argentina. En la actualidad la mayoría son urbanos, bilingües (mapudungun & español) y cristianos respetuosos de sus creencias ancestrales que rendían culto a los espíritus de la naturaleza y a los antepasados.

 Un estudio realizado por Ana M. Alarcón y Yolanda Nahuelcheo en las mujeres Mapuche de la Región de Araucanía en Chile,  revela un conjunto de creencias asociadas con el embarazo el parto y el puerperio; que nos presenta un panorama socio – cultural de perspectivas lógicas e  imaginarias, de alcances naturales y sobrenaturales y de una simpleza  y belleza incomparables.

 Para esta cultura, el embarazo es un acto natural producto de una relación sexual entre un hombre y una mujer. Fuera del matrimonio deshonra a la mujer y a su familia, en adolescentes perjudica la salud de la madre. Respecto al feto, se le considera persona en algunos casos desde el principio del embarazo, en otros desde que comienza a moverse y la mayoría de mujeres piensa, por analogía con las observaciones en animales muertos, que “… es una pelota de sangre como gusano, después ya comienza a parecer gente.”

 La alimentación durante el embarazo es muy importante y se basa en el principio de antagonismo entre lo frío y lo caliente. Los alimentos calientes (condimentos) aumentan la calidez del embarazo y los fríos (helados) contrastan con la  condición grávida; en ambos casos los efectos del desbalance térmico se manifiestan en el neonato con lesiones leves. En cambio los alimentos autoduplicados (huevo de doble yema) o deformes (papas o frutas de formas irregulares) tienen la capacidad de transmitir su anomalía al feto.

 En otro panorama, la embarazada no debe salir de casa al caer el sol porque puede tener un encuentro (trafentún) con un espíritu de la cultura Mapuche;  el susto causa “dolor espiritual” y provoca alguna anomalía en el feto que puede incluso llegar al aborto espontáneo. También debe evitar el contacto con las personas moribundas o con el sacrificio de animales, porque el sufrimiento del ser vivo causa  una enfermedad en la que el aliento del muerto pasa al feto (konün) y el efecto dañino puede observarse hasta algunos años después del nacimiento.

 Siendo el embarazo una condición cálida, el parto debe producirse de manera equivalente. El parto es un momento de gran fragilidad para la mujer, “… su condición física es la de un cuerpo abierto a la naturaleza…”; necesita la protección de sus espíritus, de su familia y de las mujeres más experimentadas de su entorno. No debe estar sola, “si ella esta solita, puede venir un espíritu malo y hacerle daño a ella y al niño”. La sangre debe ser lavada en un arroyo o quemada en un fogón, “no deben quedar trapos con sangre por ahí, le pueden hacer mal a la mujer con eso”. La placenta lleva el espíritu de la madre y del niño, después del parto es “leída” por la parteras o matronas empíricas (Peñeñelchefe) para conocer el destino del niño. Luego debe ser enterrada debajo de un árbol, para darle protección y fortaleza física al recién nacido. La totalidad de mujeres entrevistadas estuvieron de acuerdo en que  el parto hospitalario protege  la vida de la madre y del niño, pero plantearon objeciones sobre el uso de instrumental obstétrico, la constante revisión física del canal de parto, la soledad en que se realiza el procedimiento, la falta de cuidados con la sangre y la placenta, la comida muy liviana y el baño que se les exige antes y después del parto.

 El puerperio debe durar cuarenta días, en los cuales la mujer debe evitar los cambios bruscos de temperatura, exponerse al sol, tener relaciones sexuales y realizar trabajos pesados.

 Como comentario personal puedo decir que todas las creencias revisadas concuerdan con los patrones culturales reproductivos de las sociedades tradicionales en sus dos aspectos. Desde la perspectiva natural, en  los cuidados sugeridos durante el embarazo, el parto y el puerperio, la importancia de la alimentación y la conservación de un equilibrio corporal, térmico y dinámico; son  paradigmas de la medicina tradicional. Y desde el enfoque no natural, resulta muy ilustrativo conocer detalles sobre el miedo a los “espíritus malos”, como esencia de las creencias sobrenaturales; que supuestamente se manifiestan dentro de los modelos de magia simpática contaminante (trafentún y konün) y homeopática (alimentos autoduplicados o deformes), descritos en la literatura.

 Fuente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: