Hipocrates de Cos, Agustín de Hipona y la tecnología del siglo XX


En los primeros siglos de la era cristiana, no existía la certeza sobre el momento en el cual comenzaba la vida humana y durante mucho tiempo el debate se mantuvo muy activo porque era sumamente importante tener un fundamento para saber si el aborto era homicidio o no.

 

Agustín de Hipona (354-430 d.C.) critica el aborto porque considera que rompe la obligatoria relación entre el sexo y la reproducción, pero aun así, expone que es necesario diferenciar entre la “semilla concebida” (conceptus fetus) que no tiene la vitalidad de un ser humano (prius interire quam vivere)  del estado cuando el feto en el útero avanza hacia la vida humana (aut si in utero jam vivebat), e incluso del ser ya nacido. Agustín también manifiesta que “el acto del aborto no se considera homicidio, porque aún no se puede afirmar que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotado de sentidos”.

 

Él sostenía que la vida humana comenzaba, para ambos sexos, a los 45 días de gestación; lo que era muy poco discordante con  las antiguas interpretaciones de Hipócrates de Cos (460-377 a.C.) quien enseñaba que este principio sucedía a los 35 días.

 

Nueve siglos después, Tomás de Aquino (1225-1274) presenta de manera mas explicita, la idea de que Dios infundiría el alma humana sólo cuando encontrase una “materia preparada”, un cuerpo con un nivel de desarrollo orgánico que le permitiese recibir el alma. Según su interpretación, el alma ingresa al cuerpo 40 días después de la concepción en el caso de los varones y 80 días después en el caso de las mujeres.  Sus ideas  encontraban mucho apoyo en la filosofía de Aristóteles (384-322 a.C.), en el conocimiento biológico de  Ibn Siná (Avicena, 980-1037); y en las tesis de Ibn Rushd   (Averroes, 1126-1198) quién  afirmaba, con una autoridad realmente aristotélica, que la razón siempre prima sobre la religión. En el mismo periodo y coincidiendo con Tomás de Aquino,  Alberto Magno (1206-1280) sostiene que el alma es infundida por Dios, la del varón a los cuarenta días y la de la mujer a los noventa.

 

En el renacimiento europeo, el jesuita Luís de Molina (1535-1600) sostiene que en la práctica, la Santa sede admite que el feto tiene un alma racional, sólo después de cincuenta días de concebido. Mas tarde, el médico Thomas  Fienus (1567-1631) autor de “De animatione foetus”, publicado en 1620,  opina que la infusión del alma se produce dentro de unos días después de la concepción;  posición que fuera defendida y propagada por el obispo Alfonso María de Liborio (1696-1787), considerado doctor de la iglesia por sus escritos sobre la moral.

 

La creencia de que la infusión del alma no se produce hasta el parto fue siempre inaceptable para la tradición ética cristiana. Joannes Caramuel Lobkowitz (1606-1682), filósofo y teólogo español,  dice enérgicamente que no sólo es improbable sino además intolerable.

 

En 1869 el Papa Pío IX en el acta Apostolicae Sedis, boletín oficial de la sede apostólica, promulga que la hominización no es un proceso aceptado por el catolicismo y sin mayores argumentos decreta que el cuerpo y el alma se unen en el mismo acto de la concepción y por tanto el aborto, en cualquier momento o circunstancia, es un homicidio que para la iglesia católica merece la excomunión. Esta es una posición oficial apostólica, no se considera un dogma de fe ni existe un fundamento teológico suficientemente sólido para sostener que el ovulo fecundado o el embrión deban ser considerados como personas.

 

Recién en el siglo XX  fue posible confirmar de forma objetiva el acertado discernimiento de Hipócrates de Cos y de Agustín de Hipona.  Haciendo una ecografía en tiempo real a una mujer con síntomas de embarazo, es posible observar los latidos cardiacos del embrión  a partir de los 35 días de gestación; clínicamente se considera como la primera evidencia de actividad gestacional y se interpreta como la confirmación del inicio de una nueva vida en la cavidad intrauterina de la mujer. En ausencia de latidos hasta los 45 días, el diagnostico es que el saco gestacional implantado no reunía las condiciones biológicas  necesarias para que la vida humana se manifieste.

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