La teogonía del erotismo y la fertilidad en los pueblos Semitas y Cananeos.


Los pueblos Semitas comenzaron a organizarse  por los siglos XXXVIII – XXXV a.C. en Mesopotamia, entre los  ríos  Eufrates y Tigris, el actual sur de Irak, cuando los sumerios desarrollaron una magnifica civilización alrededor de la ciudad de Uruk. Esta primera ciudad-estado situada en la ribera oriental del río Eufrates, fue proyectada como un centro urbano de grandes  proporciones sociales y arquitectónicas; destacando en su construcción dos áreas principales, Eanna y Kullab, que estaban dedicadas al desarrollo independiente de  actividades religiosas y políticas. Según la tradición Sumeria, Uruk fue el hogar de Gilgamesh, héroe de una epopeya que relata una primera versión del diluvio: el poema de Gilgamesh;  uno de los textos cuneiformes más antiguos de la historia.

En Mesopotamia se sucedieron las religiones y las divinidades en la misma medida en que se sucedieron las culturas, primero adoraron a los dioses Sumerios y progresivamente estos fueron adaptados por todos los pueblos Semitas: Acadios, Babilonios, Asirios, Arameos y Caldeos.

 En la mitología Sumeria Inanna era la diosa del amor, de la guerra, protectora de la ciudad de Uruk, era la diosa de la naturaleza y de la fecundidad. Era la prolongación de una tradición de “diosas madres” pero tenía  celebraciones de connotaciones sexuales y violentas asociadas a una forma de prostitución sagrada.  Con el surgimiento de los Acadios (siglos XXIV-XXII a.C.) Inanna se transformó en Ishtar, una divinidad amorosa protectora de las prostitutas y de los amoríos extramaritales, no era exactamente una diosa del matrimonio, ni  una diosa madre.

Posteriormente, por los siglos XX-XVIII a.C. los Acadios y los Sumerios conformaron la ciudad-estado de Babilonia que después fue colonizada por los Asirios. A partir del siglo XII a.C. debido a desplazamientos migratorios que tuvieron lugar desde el desierto a las zonas fértiles, la región fue colonizada primero por los Arameos y en el primer milenio a.C. por los Caldeos, una tribu semítica de origen Árabe que se asentó en Mesopotamia meridional.

En la mitología Caldea Anat hermana de Baal, era una diosa de la fertilidad representada frecuentemente desnuda con pechos y área vaginal prominentes llevando un peinado similar a la diosa Hator de Egipto. Anat o Anut, además de ser una deidad de la fertilidad, era una joven e impetuosa diosa de la guerra. Esta divinidad fue conocida en Egipto con el nombre de Anethet.

En la mitología Celta existe una diosa de nombre Anu. Se trata de la forma de doncella de la diosa Dana o Danu. Anu es diosa de la fertilidad, la abundancia y la prosperidad y puede ser confundida con un dios de la mitología Sumeria y Mesopotámica (Anu), descrito como un dios del cielo que en su época fue la divinidad más importante del panteón Sumerio. En la mitología Armenia, Anahit fue la diosa de la fecundidad y del nacimiento, también era la diosa de la belleza y del agua e incluso de la guerra en tiempos más remotos.

Los primeros Semitas que desde el siglo XXX a.C. llegaron a la región situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, que actualmente corresponde con el estado de Israel, la franja de Gaza y Cisjordania;  fueron llamados Cananeos. La región adoptó  el nombre de Canaán o Tierra de Israel, hasta que los romanos lo cambiaron por el de Palestina (132-135 d.C.). Cuna de civilizaciones y de religiones, remonta su ocupación hasta las fases neolíticas más tempranas y es “tierra santa” de cristianos, judíos y musulmanes.

Los Cananeos eran adoradores de los dioses Fenicios. En esta mitología Ashtart representa a la divinidad femenina más importante, Astarté en la mitología Sirio-Palestina; es la personificación de la fecundidad de las tierras, de los animales y diosa del amor. Representaba el culto a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad, así como la exaltación del amor y los placeres carnales. En este mismo contexto, los Cartagineses veneraron a Tanit, consorte de Baal, como diosa de la tierra y la fertilidad; fue la diosa más importante de la mitología Cartaginesa  adorada entre 700 a.C – 400 d.C. por muchos pueblos de diversas culturas en las ciudades del Mediterráneo.

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