El poder de la sexualidad como fuerza creativa en la mitología Shinto.


Los primeros humanos ocuparon el archipiélago japonés durante el Paleolítico, hace aproximadamente 35.000 años. Entre los años 11.000 y 500 a. C. estos habitantes desarrollaron un tipo de alfarería, llamada  “Jōmon”, considerada la más antigua del mundo. Posteriormente apareció una cultura conocida como “Yayoi”, que utilizaba herramientas de metal y cultivaba arroz.

Con la introducción del sistema de cultivo de arrozales, durante el periodo Yayoi (300 a.C – 300 d.C.), comenzaron a organizarce diversos rituales y  festivales agrícolas que posteriormente se convirtieron en elementos estructurales del shintoismo. La palabra shintoismo (Shinto),  suele traducirse como “la vía de los dioses”, en la que el termino  kami  significa “espiritu”, “deidad” o “poder divino”.

En las creencias Shinto, los kami eran parte de todos los aspectos de la vida y se manifestaban en varias formas.  Los kami de la naturaleza,  residian en las piedras sagradas,  en los árboles, en las montañas y en otros fenómenos naturales. Los Ujigami eran los  kami de los clanes, que originalmente fueron sus deidades tutelares, a menudo un ancestro deificado del clan. El Ta no kami  o dios de los arrozales, era venerado en las plantaciones de arroz y en los festivales de la cosecha. Y  los Ikigami, que eran considerados deidades vivientes.

Los kami que más se asemejan a los dioses  occidentales, son las divinidades  que residen en el Takamagahara (Alta Planicie Celeste) y que estaban encabezadas por Amaterasu Omikami, la diosa del sol, venerada en el santuario de Ise, el más importante para los creyentes Shinto.

En el siglo VIII, la búsqueda de legitimidad del linaje imperial, en cimientos mitológicos y religiosos firmes, condujo a la compilación del Kojiki (Registro de cuestiones antiguas) y del Nihon Shoki (Crónicas del Japón)  los  libros históricos más antiguos referentes a la historia de Japón. Al remontar la línea imperial hasta la época mítica de los dioses, estos libros cuentan las leyendas sobre como los kami  Izanagi e Izanami crearon las islas japonesas y sobre los dioses centrales, Amaterasu Omikami (diosa del sol), Tsukuyomi no Mikoto (dios de la luna) y Susanoo no Mikoto (dios de las tormentas).

Si bien el Shinto no tiene elaborada una teoría general sobre el cuerpo humano,  sus primeras versiones vinculaban estrechamente las  manifestaciones sexuales humanas con la agricultura y con las fuerzas de la naturaleza.

Desde mediados del periodo  Jōmon (3500-2400 a.C.) y más tarde, fueron fabricadas diversas figuras  artesanales que incluían piedras fálicas (sekibō), que variaban en altura de 0.5 a 2 metros y  figuras femeninas de arcilla con pechos y caderas prominentes (dogu), la mayoría de unos 30 cm de altura, muchas veces  con el vientre abultado.

Aunque hay desacuerdo sobre los detalles, la mayoría de los estudiosos coinciden en que los antiguos habitantes de Japón vinculaban estos objetos con los ritos mágico-religiosos para promover cosechas abundantes. Los habitantes prehistóricos de las islas japonesas, probablemente asociaban el misterio de la reproducción humana con la productividad agrícola y las figuras femeninas habrían sido objetos que simbolizaban o reclamaban el mágico poder que se manifestaba tanto en la maternidad humana como en la fertilidad de la tierra.

Según la mitología antigua, en el principio las islas japonesas  fueron creadas a partir de la actividad sexual de los kami antropomorfos. El proceso de creación continuó después de que la deidad femenina reconoció que su cuerpo tenía un lugar que era la fuente de la feminidad y la deidad masculina, que en el suyo había un lugar que era la fuente de la masculinidad. Estos dos lugares míticos se unieron para formar las numerosas islas del archipiélago. En esta mitología, la sexualidad de las deidades se presenta como el instrumento  del poder creativo de la naturaleza.

El Shinto típicamente relacionaba  la enfermedad y la muerte con la contaminación y en consecuencia desarrollo  ritos de purificación. Su culto  celebró la salud, la prosperidad y la vida, que se asociaba directamente con las fuerzas creativas  naturales. Un icono común para las fuerzas generativas de la naturaleza era el órgano sexual masculino. Piedras, postes y grabados fálicos, eran usados como amuletos  protectores contra las fuerzas  contaminantes de la propia naturaleza. Antiguas deidades agrícolas eran representadas a menudo como una pareja  masculina y femenina, abrazándose.

Otras formas de culto usaban representaciones de madera o de piedra de genitales masculinos o femeninos, o el par de objetos; para simbolizar el “cuerpo del Kami” en los santuarios a lo largo de muchas regiones de las islas japonesas. El “cuerpo del Kami” era el objeto en el que supuestamente residía el espíritu de la deidad. Incluso hoy en día, las representaciones de los órganos sexuales  simbolizan a los kami en los santuarios japoneses y se pueden ver algunas veces en la fiestas públicas  y en las celebraciones  en los santuarios.

Durante el siglo XIX, Mutsuhito, el Emperador Meiji, estableció el nuevo estado Meiji o Culto al Gobierno, “La era del culto a las reglas” (1867-1912) y trató de renovar el Shinto  como señal del comienzo de una nueva era en la historia japonesa. Como objetivo primario de una política general de  “nueva moral”, los líderes del Japón moderno  trataron de erradicar la sexualidad explícita de la simbología del Shinto.

En lugar del respeto tradicional por el cuerpo y su sexualidad en sus representaciones iconográficas, el Shinto del Japón moderno se vio forzado a encontrar nuevos valores en el vago concepto del Kokutai, “el cuerpo nacional” interpretado también como “la identidad nacional, la esencia nacional o el carácter nacional”; muchas veces traducido solo como “política nacional”.  La nueva esencia japonesa, adquirió poder al ser  incorporada a un linaje supuestamente ininterrumpido de los emperadores  descendientes de Amaterasu Omikami (la deidad solar).

Lo que comenzó en el antiguo Japón, como un culto al poder de la expresión sexual del cuerpo humano y mítico, terminó en el Japón moderno (hasta 1946) como un culto al poder político de un  controversial cuerpo nacional.

En el Shinto actual, probablemente ningún “cuerpo” sea importante, ni sexual ni político, pero sin duda aún debe quedar la huella del poder que  ejercieron.

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