Hêng Ô , la madre de las doce lunas.


En la mayoría de las culturas antiguas, desde la sedentarización, el agua ha sido un elemento relacionado con la fertilidad debido a un concepto básico sobre su capacidad de generar y mantener la vida. Ningún ser vivo (planta, animal o humano) existiría de no ser por el agua. En el plano estrictamente físico y desde una visión general el agua ha sido considerada como origen, soporte y vehículo de toda forma de vida. Asociada a la fertilidad, el agua ha mantenido una estrecha relación con la mujer y esta, a su vez, con la Luna. El agua y la Luna, están vinculadas simbólicamente con la fertilidad de la tierra y de la mujer de una manera que ha logrado trascender a los tiempos mitológicos.

En la antigua China, existía la creencia de que la Luna era pasiva y productora de agua, era la fuente de la fecundidad y se la veneraba como Hêng Ô, la diosa de la luna. También era conocida como Chang´e, T´ai-yin Huang-cin (La Reina de la Luna), Yuehfu Ch´ang Ô (Ch´ang Ô del Palacio Lunar) o Heng-Ugo . La diosa era la madre de las doce Lunas del año y para los antiguos creyentes, ella bañaba a sus hijas en su agua y después, cada una iniciaba un viaje de un mes por el cielo. Los chinos pensaban que una liebre vivía dentro de ellas, como símbolo de la fecundidad.

La deidad Lunar representaba el principio femenino del Yin y su marido, Shên I, “El Arquero Excelente”, al que los dioses le dieron el elixir de la inmortalidad por haber salvado a la humanidad, abatiendo a nueve de los diez soles que salieron juntos amenazando con quemar el universo; representa el principio masculino del Yang.

Su celebración en una de las tres grandes fiestas anuales chinas y tiene lugar durante la Luna llena del Equinoccio de Otoño; es una fiesta de mujeres, la ceremonia de Hêng Ô está vedada a los hombres. El día de Hêng Ô es día de cosecha, día de fertilidad; las mujeres se alborotan, cortan los frutos del albaricoquero repleto, preparan el festival en la aldea. La Luna aparece para recibir las galas; es grande, es luna llena, luna de liebre, luna elixir de la vida. El otoño que empieza mueve las hojas de los árboles y estremece el interior de los felices participantes cuya ofrenda consiste en frutos, tortas azucaradas que se fabrican y venden en esta ocasión y una rama de flores de amaranto rojo. Es abiertamente una fiesta de la cosecha, aquí la luna es símbolo de la fertilidad de la tierra.

La vida de muchos creyentes budistas estaba marcada por el calendario lunar. Los ciclos de la luna influían en la noche, en la naturaleza, en el mar, en la salud, en la fertilidad, y en los aspectos materiales de la vida. Las creencias tradicionales se basaban en una extraña mezcla de fe y superstición. En principio, los rituales debían ser practicados de acuerdo con las diferentes fases de la luna, para que la diosa pudiera brindar su ayuda a través de las pruebas de la vida. Buda habría aconsejado que las personas debían abstenerse de comer carne y pescado, el primer y el decimoquinto día lunar. El primer día del ciclo lunar, era la luna roja y el decimoquinto la luna llena. Cuando la luna desaparecía durante tres días, era el reino de las cosas oscuras.

En este principio se injertaron las creencias mágico-religiosas, con origen en los antiguos cultos taoístas, confucionistas y chamánicos. Entonces, durante la fase creciente de la luna, los rituales servían como un impulso para iniciar un proyecto o actividad y en contraparte, durante la fase menguante de la luna, favorecían el cumplimiento de una solicitud para el éxito de una actividad material. La idea es muy parecida a la creencia popular occidental que aconseja sembrar durante el creciente de Luna para obtener una buena cosecha.

La luna fuente de la fecundidad, aparece también como reguladora de los ritmos biológicos, del transcurrir del tiempo y de los cambios en la vida; modula los ritmos cósmicos y el destino cíclico del hombre. La Luna simboliza el mundo mágico de los sueños y el inconsciente del hombre.

Según una leyenda China muy antigua, una joven llamada Ch´ang Ô descubrió la píldora que su marido Shên I había escondido y seducida por su aroma se la tomó, sin saber de lo que se trataba. En ese momento apareció Shên I y asustada, dándose cuenta de lo que había hecho, voló al cielo para refugiarse de su cólera, alcanzando la Luna donde moró en un bosque de arboles de canela. Su marido comprendió que ella estaba destinada a ser la Diosa de la Luna y él a ser el Dios del Sol. Le explicó que no estaba enojado con ella y se reconciliaron, construyó un palacio de madera de canela y piedras preciosas, visitándola todos los días de luna llena.

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