Elissa (Dido) reina de Cartago y Tanit diosa del Mediterráneo.


 

Después de sobrevivir muchos siglos como cazadores –recolectores, los grupos humanos aun nómades, comenzaron a domesticar algunos animales (Cabras y Ovejas),  actividad que derivó en una incipiente ganadería itinerante y en una primera forma de conservar y transportar recursos, en los inicios de la civilización. Conforme progresa el proceso de  sedentarización, los recursos y la abundancia comienzan a surgir de la agricultura (Centeno y Trigo), ocupación que exigía permanencia en la región cultivada y que va convirtiendo la cosecha en una gran fiesta estacional. Cuando los primeros asentamientos humanos agrícolas y centros poblados se van estableciendo como ciudades, se organiza un importante sistema de intercambio de productos a través de grandes viajes y el comercio es la nueva fuente de riqueza.

En todos los casos el concepto de fertilidad va encontrando buenas  condiciones para impregnar el pensamiento humano como fuente de la ansiada abundancia, se entroniza en la mujer, símbolo de la fertilidad humana y encuentra en los astros luminosos y en la generosidad, belleza y sensualidad de selectas figuras femeninas,  los iconos que necesita para tener presencia en las ceremonias  en las que el hombre pide y corresponde, mediante ofrendas y sacrificios dirigidos a compensar las faltas y merecer los favores y beneficios que la imagen representa.

Este común denominador encuentra identidad propia en cada versión de las leyendas que relatan los orígenes sobrenaturales de una deidad regional, su paso por el mundo natural y el trance metamórfico de la forma humana a la mítica.

Entre tantas historias, podemos destacar  el mito de la reina Elissa y la diosa Tanit, que se origino en  Cartago en el siglo VI a.C. y domino toda la costa Mediterránea, el norte de África y las islas Baleares hasta que fue proscrito por los decretos para oficializar el cristianismo emitidos por  el emperador romano Flavius Theodosius  en el siglo IV d.C.

La leyenda clásica refiere que la princesa Elissa fundó Cartago en el año 814 a. C., aunque el consenso actual es que la ciudad fue fundada entre los años  825 y 820 a. C.

La versión cartaginesa cuenta que Pigmalión, rey de Tiro, había matado a su cuñado Aquerbas y por ello su mujer Elissa (hermana del rey) y varios seguidores fenicios huyen con destino a Chipre planeando fundar una nueva ciudad de comerciantes, fuera del poder aristocrático de la metrópolis. Llegando a las costas de África del Norte, Elissa pide a los habitantes locales un pequeño pedacito de tierra para un refugio temporal hasta que  pueda continuar su viaje, sólo tanta tierra como pueda ser abarcada por un cuero de buey. La leyenda cuenta que los nativos les permitieron tomar la tierra, cosa que hicieron recortando una piel de buey en tiras muy finas de tal manera que pudieron cercar una gran colina donde se levantó la histórica ciudad. Durante su reinado, Elissa fue una reina que respetó el espíritu comercial de los cartagineses, negándose a entrar en política expansionista,  pues ellos eran simplemente comerciantes y no conquistadores. Durante mucho tiempo conservaron muy buenas relaciones  con sus vecinos que llegaban a Cartago a comprar y vender, disfrutando un estupendo ambiente comercial; hasta que el rey Hiarbas, nativo de Maxitani o Mauritani (probablemente Mauritania)  pretendió a la reina por esposa bajo la amenaza de una guerra. Elissa no acepto casarse con semejante salvaje y antes de permitir que una guerra destruya la libertad de su pueblo y la política de paz y comercio que habían creado, prefirió sacrificarse y  lo hizo con la espada de su primer marido, lanzándose finalmente a una pira fúnebre ceremonial.

La otra versión aparece en la Eneida de Virgilio, texto que se refiere a la princesa Elissa como Dido. Eneas había llegado a Cartago, Dido se enamora enseguida y Eneas la corresponde. Pasan un tiempo juntos, pero Eneas, que ha recibido de Júpiter la misión de fundar un nuevo pueblo, debe partir a cumplir su destino. Una noche, Eneas embarca con su gente y Dido corre a convencerlo de que se quede con ella, pero no lo consigue. Lo ve partir y ordena levantar una gran pira donde pretendía quemar la espada, algunas ropas que Eneas había dejado en palacio y el tronco del árbol de la entrada de la cueva donde se amaron por primera vez. Al amanecer subió a la pira y se hundió en el pecho la espada de Eneas. Al morir, su hermana Ana que había intentado disuadirla del suicidio, ordena prender la pira funeraria.

Después de su muerte la reina de Cartago fue venerada como la diosa Tanit o Tinnit y es a partir del siglo VI  a.C. cuando su culto comienza a ser notable, inicialmente diosa del comercio y de los navegantes (fuente de riqueza en Cartago) y posteriormente diosa de la fertilidad y protectora del amor en toda la costa Mediterránea.

Las dos versiones poseen diferencias narrativas y temporales, pero ambas transmiten el mismo concepto básico de muerte y transformación mítica.

Fuente

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