Rona, el verdadero marido de todas las mujeres maoríes.


 

Los maoríes llegaron a Nueva Zelanda en canoas, procedentes de Tahití entre los siglos XII y XIII. Su nombre se traduce como “persona normal” y es usado para distinguir al pueblo de las divinidades y espíritus en los que creen.

En el siglo XVIII las expediciones inglesas en el Pacífico Sur establecieron contacto con los maoríes y mediante trueques, obtuvieron concesiones de tierras y poco a poco fueron recluyendo a las “personas normales” en reservaciones, despojándolos de sus hogares y tierras. Esta situación termino provocando la sublevación de los indígenas entre 1840 y 1870, rebelión que fue reprimida a sangre y fuego por los británicos. Entre esta política de exterminio y las enfermedades propias del mundo occidental, en el siglo XIX los maoríes estaban prácticamente diezmados.

En la actualidad, pese a que los maoríes fueron los únicos habitantes neozelandeses a la llegada de los europeos, se estima que apenas representan el siete por ciento de la población de Nueva Zelanda. La mayoría vive en zonas rurales, dedicados a la ganadería o al trabajo en plantaciones de maíz y tubérculos.

Entre los años 1895-1910,  Elsdon Best (1856 –1931) un hijo de emigrantes ingleses nacido en Nueva Zelanda, se dedico a estudiar las costumbres de los antiguos maoríes mediante entrevistas con muchos ancianos Tuhoe, registrando innumerables historias y mitos de la cultura y las tradiciones ancestrales.  En 1910, fue reconocido como el mejor etnólogo  del museo de Nueva Zelanda (Te Papa Tongarewa), lo que le permitió proseguir con sus investigaciones de una manera más formal y enfocada. En 1912, publicó “Los utensilios de piedra de los maoríes” y en 1919, en su libro “La tierra de Tara” registro la historia de los maoríes del puerto de Wellington.

En su monografía de 1922, “El conocimiento astronómico de los maoríes”, Best señala que los antiguos maoríes acostumbraban asignar  nombres de personas a las fuerzas de la naturaleza y menciona muchas historias y leyendas sobre Rona.

En la mitología neozelandesa, Rona era la hija del dios del mar Tangaroa y controlaba las mareas. Una leyenda cuenta que una noche, cuando cargaba un cubo con agua del río hacia su casa, el camino se obscureció. La Luna se escondió detrás de las nubes haciendo que fuera imposible ver. Mientras Rona caminaba, se golpeo en el pie con una raíz que sobresalía del suelo; estaba tan molesta de no haber podido ver la raíz, que dijo cosas muy feas sobre la Luna.

La Luna escuchó sus comentarios y le puso una maldición a los maoríes, capturando a Rona y su cubo de agua. Se dice que cuando Rona mueve su cubo, llueve y hay muchas personas que creen ver a una mujer con su cubo en la Luna. Esta historia es el símbolo de la influencia de la Luna en la lluvia y en las aguas de la Tierra, especialmente en las mareas.

Debido a que la luna es el objeto mas brillante en el cielo nocturno, Rona siempre era un tema popular de los kōrero pūrākau (cuentos de hadas) para los niños a la hora de dormir.

En una versión de la Isla Sur, Rona se transforma en un hombre que al ser perseguido por su mujer iracunda, huye de la tierra y busca refugio en la luna, después  tiene miedo de volver a bajar.

En otras versiones de la isla polinesia, Rona es descrito como un hombre que llega a la luna en busca de su esposa. Esta versión explica que las causas de los cambios cíclicos del astro se deben al consumo que la mujer y el hombre hacen de sí mismos. Después, ambos son restaurados a la vida al bañarse en las “aguas de vida de Tane” y renuevan su contienda.

En el archipiélago de Tuamotu, Rona es un célebre caníbal que come cabezas cocidas y Hina, la luna, es su hija.

En algunas de las viejas tribus maoríes el estado de embarazo era atribuido al dios-luna, que según la creencia es “el verdadero marido de todas las mujeres.”

Cuando nacía un niño, la placenta (whenua) y el cordón umbilical (iho) eran enterrados y un árbol joven se plantaba sobre ellos, podía ser un Ngaio, un Karaka, o un kahikatea. A medida que el árbol crecía,  se traducía en una señal de vida (Tohu Oranga) para el niño.

El cordón umbilical (iho) parece haber sido comparado con el tronco o las raíces del árbol. “Iho” es el lugar donde reside la fuerza esencial, como en el corazón de un árbol o en la raíz larga y fibrosa de un  arbusto.

Los antiguos maoríes conocían el poder de la luna sobre las mareas, el clima, el éxito de sus esfuerzos en la pesca y en la siembra y su relación sobre los estados de ánimo de las mujeres, la sexualidad y la fertilidad. Hacian referencia a Rona-whakamau-tai, (Rona que controla las mareas), como una mujer en la luna, que guía y controla estas fuerzas.

En las diferentes leyendas y mitos de las igualmente diversas tribus maoríes, existen muchos nombres para sus fases: Es Marama (luna llena), Ahoroa, Mahina, Atarau, Hineteiwaiwa (asociada a la fertilidad y al ciclo vital), Hina-te-ao (luz femenina), Hina-te-po (obscuridad femenina),  Hina-keha (luna pálida) y Hinauri (luna negra); refiriéndose a la Luna en sus fases creciente y menguante. Rongo (Guarda de la Luna), Orongonui (Rongonui): la 27ª noche de la luna, es el antiguo nombre del dios Luna.

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