Tlazolteotl, la diosa azteca de la carnalidad.


El conjunto de dioses y divinidades aztecas, se organizan en un panteón caracterizado por una complicada estructura, que se manifiesta, entre otros aspectos, en una multiplicidad de advocaciones para una misma “idea divina”.

Antes de abordar el tema, considero importante advertir que algunos conceptos y detalles descritos en este artículo, pueden tener mucha influencia de los preceptos morales de los cronistas españoles del s. XVI.

Tlazolteotl, era la diosa azteca de la suciedad y la fecundidad, de los humores terrestres y humanos, era también la diosa de los baños de vapor, del amor sexual y de la confesión, presidía a los recién nacidos y a las mujeres muertas en el parto y divinizadas, “Las Cihuateteo”;  se le atribuía también la invención del tejido y del bordado. En el Códice Matritense se describe literalmente, “Este era el dios de los amores y deleites carnales… parece que tenía las veces de Cupido y Venus”

El origen de esta diosa está en el oriente mexicano, en la zona huaxteca, donde al parecer, se originó el culto a esta divinidad como una forma de veneración a la fertilidad. Según los cronistas, “parece ser que la presencia de la diosa Tlazolteotl y el ejercicio de un culto fálico en la religión azteca hayan sido aportes auténticamente huaxtecas”, hay asociaciones de Tlazolteotl con el concepto de fertilidad, que los aztecas pudieron tomar con cierto carácter erótico.

Otro nombre de esta diosa es el de Tlaelcuani, “la comedora de suciedad”, que hace referencia a la diosa como la encargada del perdón de los pecados, “Cobró entre los aztecas una gran importancia en tanto que Tlaelcuani, «comedora de pecados», con ella se confesaban los que habían cometido faltas, sobre todo infracciones a la moral sexual, y ella era la que los perdonaba mediante la absolución que conferían sus sacerdotes”.

Tlazolteotl,  aparecía como la inspiradora del pecado, que puede relacionarse con sus atributos de fecundidad, pero a su vez, era la que los perdonaba; el bien y el mal en una misma personificación, con diferente advocación.

Además, Tlazolteotl era una diosa de la tierra y por tanto, una forma de veneración de la diosa madre,  que se identificaba con “Tocí”, que en nahuatl significa “nuestra abuela”. El panteón azteca dedicaba tres divinidades, Coatlicue, Cihuacoatl y Tlazolteotl, a la representación de la tierra; concebida  en su doble función de creadora y destructora, base de la vida y de la muerte. La diosa era madre de Centeotl y Xochiquetzal, divinidades de la vegetación, el maíz y las cosechas.

A Tlazolteotl, le correspondia el punto cardinal de occidente y su color era el blanco, que representa a su vez, el oeste, que era la dirección o el lado de las mujeres, de las diosas y de las Cihuateteo.

“Las mujeres muertas en el parto eran asimiladas a los guerreros caídos en combate o sacrificados. Se les enterraba con gran pompa en el patio interior de un templo que se les había consagrado. Se creía que esas mujeres formaban un segundo cortejo que acompañaba al sol desde el cénit hasta el occidente. Divinizadas, se las llamaba Cihuateteo, «Mujeres Divinas», rondaban por el cielo del oeste y las sombras del crepúsculo”

Tlazolteotl, que regia también la medicación mágica, tenía un templo dedicado, conocido como Tocititlan, “el lugar de nuestra abuela”, contaba con una categoría especial de sacerdotes, los Tonalponque,  que además de su labor de adivinación, eran los encargados de dar nombre a los recién nacidos, que estaban bajo el patrocinio de Tlazolteotl y de celebrar el ritual de la confesión; también función de esta diosa en su faceta Tlaelcuani, comedora de suciedad, de pecados.

Un detalle en las representaciones de Tlazolteotl en los códices que la vinculan estrechamente al concepto de fertilidad, es la nariguera en forma de media luna con que aparece siempre representada, el yacametztli, “que recuerda el vínculo místico de la tierra y de la luna y la influencia de este astro sobre la vegetación y la fertilidad”.

En el ritual de la fiesta de Ochpaniztli (21 de agosto hasta el 9 de septiembre), fiesta que marcaba el comienzo del invierno, la mujer que representaba a Tlazolteotl, era acompañada por un séquito de mujeres, especialmente compuesto por “médicas y parteras”.

Las descripciónes que hacen los cronistas sobre los sacrificios ofrecidos a la diosa son muy explicitas:

“bailaban a honra de esta diosa, en silencio, mataban una mujer, en gran silencio, vestida con los ornamentos que juntaban a esta diosa”.

“y llevábanla con gran silencio al «cu» donde había de morir. Subida arriba, tomábanla uno a cuestas, espaldas con espaldas, y de pronto le cortaban la cabeza, y luego la desollaban y un robusto mancebo vestíase su pellejo”

Otros sacrificios, como el sacrificio por flechado, el Tlacacaliliztli. y el autosacrificio del miembro viril, el Motepulizo, también eran propios de una fiesta en la que se manifestaba un marcado culto fálico.

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