Deméter en Grecia y Ceres en Roma


 

En todos los territorios griegos de la antigüedad, cuya economía estaba basada en el cultivo de los cereales, existen leyendas locales sobre la diosa Deméter. Es la divinidad que protege a los trigales y facilita su germinación, asegurando la madurez de los cultivos. Pertenece a una tercera generación divina y se presenta como la nueva madre tierra, pero mucho más próxima y humanizada. Por eso, personifica a la fertilidad y a la riqueza agraria.

Una leyenda cuenta que Poseidón quiso seducirla, pero ella estaba poco dispuesta a mantener juegos amorosos con él, así que pensó que transformándose en yegua podría despistarlo, pero él se transformo en un caballo semental y la cubrió. De esta inusual unión surgieron la ninfa Despoina y el corcel Arión.

Deméter es  una diosa madre, generadora de leche y miel, de amor, protección y sustento espiritual; su arquetipo más fuerte es el de madre que alimenta y ama a sus hijos, pero también los sobreprotege con el fin inconscientemente egoísta de retrasar o impedir su crecimiento.

Una imagen que aparentemente corresponde a Deméter, es una estatua monumental, tanto por su tamaño de algo más de dos metros de altura, como por su amplitud serena y reposada, vestida con holgada túnica y abrigada con manto jónico. Luce una diadema en su tocado y deja caer seis trenzas sobre los hombros y el pecho. En su indumentaria, juegan con elegancia las radiaciones arqueadas y en diagonal del tronco, los pliegues  paralelos que gravitan centralmente y las curvas tipo zigzag a ambos lados de sus rodillas. Es conocida como la “Matrona de Herculaneum” y procede del sur de Italia, en la costa del mar Tirreno (Ercolano – Campania);  actualmente se encuentra en el museo Paul Getty  de Dresde, capital del estado de Sajonia en Alemania.

La diosa griega Deméter fue asimilada por la cultura  romana en la figura de otra diosa de igual importancia llamada Ceres, que ya era una divinidad latina muy antigua. Ceres forma parte de las divinidades catonianas (virtudes referentes a Marcus Porcius Cato), ella se eleva y da vida a los jóvenes y tiernos brotes, hace madurar el trigo y amarillear las cosechas. En la cultura latina, Ceres es la diosa de la tierra y de la agricultura, una de las divinidades más importantes del panteón romano. Se la recuerda sobre todo en el episodio del rapto de su hija Proserpina; según la leyenda la muchacha fue raptada por Plutón el dios de los infiernos y se convirtió en su esposa.

Ceres, en busca de su hija, suele representarse mientras ilumina el camino con una antorcha sobre un carro arrastrado por dragones, que en las esculturas de la época arcaica tenían la forma de serpientes en las manos de la diosa.

Ilustrando esta nota, está uno de los cuadros que simbolizan a la diosa romana en la pintura barroca,  es obra del pintor flamenco Abraham Janssens (1575-1632) titulado “Ceres, Baco y Venus”, en el que Ceres es representada con una corona de espigas, atributo personal de acuerdo con el mito. La pintura de Janssens representa la frase “El amor se enfría si faltan el vino y la comida”, que es una adagio tomado de una obra de teatro de Terencio y cuya representación pictórica fue muy trabajada por los artistas flamencos.

Deméter y Ceres son diosas que representan la fertilidad, es decir, la capacidad de ser madres, de procrear y de tener importancia en la vida terrenal, siendo así un ejemplo para la mujer de su tiempo, en este caso las griegas y las romanas. Son diosas, pero ante todo son madres fértiles. Al concebir a sus hijas, las diosas asumen el doble papel de madre que gesta una criatura y de tierra que alimenta la semilla.  Es el modelo para la mujer griega, encargada tanto de la educación temprana de sus hijos como del cultivo de la tierra.

Como diosas de las cosechas y de la fertilidad, se cuenta que afincaron las poblaciones nómades, les enseñaron a organizarse, a someter y domesticar  animales, a arar, a sembrar, a cosechar  y a almacenar y moler el grano para obtener harina. Los mitos de Deméter y Ceres condensan la historia desde las primeras etapas de la sedentarización.

En el transcurso de los siglos, sus atributos se fueron multiplicando y las diosas fueron honradas por los iniciados en los misterios de su culto, como dos de las principales divinidades de la abundancia y de la fertilidad y por los agricultores que celebraban en la época de la cosecha.

Los ritos de iniciación al culto de las diosas agrícolas  se celebraban en Eleusis (cerca de Atenas), durante la celebración de los misterios eleusinos, los iniciados acompañaban a Perséfone en su bajada a los infiernos, mientras era llorada y buscada por su madre Deméter (Ceres). Estos ritos se extendieron posteriormente al Imperio romano.

En las fiestas tesmoforias (Octubre), las mujeres griegas celebraban sus costumbres privadas, las fiestas estaban dedicadas a las madres, ya que se celebra a la diosa como principio femenino de la concepción y el alumbramiento. La preparación previa consistía en nueve días de abstinencia sexual. En el primer día de tesmoforias, el Anodos, las mujeres iban en procesión hasta el mar o el río más próximo, donde se celebraban misteriosos ritos  de fecundidad. Uno de ellos consistía en que las mujeres debían recoger los restos putrefactos de ofrendas agrícolas enterradas cuatro meses antes,  mezclarlos con las nuevas semillas y dispersarlos por los campos para renovar su fuerza generadora.

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