La placenta, la sombra de la vida en las creencias andinas peruanas.


Desde un punto de vista estrictamente fisiológico, la placenta es un órgano que actúa durante el embarazo como un elemento de intercambio molecular y macromolecular, evitando el contacto directo entre las circulaciones sanguíneas materna y fetal. Después del parto, si la placenta no es adecuadamente expulsada y desprendida en su totalidad de la pared uterina, la vida de la madre puede estar en peligro.

Como cualquier estructura orgánica, la placenta debe ser descartada de manera apropiada, en caso contrario está sujeta a descomposición y putrefacción; llegando opcionalmente a convertirse en un peligroso núcleo infeccioso, que puede afectar en principio a las personas cercanas y en mayor grado a otros miembros de la comunidad.

En muchas comunidades andinas, no se corta el cordón umbilical hasta que la placenta es expulsada. El neonato se mantiene unido a la placenta por un tiempo innecesario fuera del útero y la sangre que circula por los vasos sanguíneos placentarios produce latidos; dándole una sutil apariencia de vida, interpretada místicamente por las curiosas e ingenuas miradas de los presentes.

Pero corresponde tomar en consideración, que la sensación de misterio y admiración frente al embarazo y el nacimiento no tiene correlación con mayores o menores grados de conocimiento, malicia o desarrollo tecnológico. El embarazo y el nacimiento son percibidos como acontecimientos que provocan angustia y temor, tanto en las sociedades con complejos niveles de desarrollo, como en las culturas menos avanzadas.

En la región del altiplano de Perú, la gente cree que durante el embarazo, una mujer lleva dentro de ella dos vidas; el feto y la placenta. Aunque la placenta es sacada del ambiente materno solamente para ser descartada. Debido a la fuerza del vínculo, la creencia estima que la placenta opera como el doble del individuo con el que compartió el útero. El efecto de esta creencia es que la placenta sirve como un vehículo a través del que pueden ser canalizados los elementos buenos y los malos, tanto hacia la madre como hacia el niño.

Para los campesinos, la placenta está asociada a fuerzas malévolas, se la considera como una fuente de peligro, como el lugar de una magia simpática y como una amenaza potencial para el niño, la madre y la comunidad. En los Andes peruanos se toma un especial cuidado en la preparación así como en los métodos prescritos para disponer de la placenta, siguiendo costumbres ancestrales.

El procedimiento normal para la preparación de la placenta entre los grupos de quechua-hablantes que viven cerca del Lago Titicaca, es lavarla inmediatamente después que ha sido expelida. Esta tarea es considerada especialmente peligrosa porque se cree que el contacto con la placenta daña los ojos y lastima las manos. Por esta razón generalmente es una mujer vieja a la que se le paga para realizar la tarea. Después que la placenta es lavada, debe ser quemada en leña hasta que se convierta en polvo.

El método tradicional para disponer de la placenta entre los Collas, es enterrar las cenizas placentarias junto con coca, grasa animal, incienso, herramientas en miniatura y otros implementos copiados de los usados en la vida cotidiana de los adultos. La placenta de un niño es enterrada con la figura de un arado de pie, una pala o un pico; la de las niñas está acompañada por un huso, un telar, una azada y/o una cuerda para tejer cinturones. De esta manera pretenden influenciar en el futuro, asegurándose de que cuando el recien nacido crezca, será un buen trabajador. El poder de la placenta para influenciar el curso de futuros acontecimientos, afecta no solamente al individuo y su familia más cercana, sino que tiene también implicaciones para la comunidad. Una placenta inadecuadamente enterrada puede llevar a la enfermedad afectando a toda la comunidad.

En el proceso del nacimiento, la placenta representa una entidad exactamente opuesta al niño, como la sombra es el reflejo de la vida. Mientras que el niño es de reconocible forma humana, la placenta no tiene forma; el niño tiene el potencial de traer alegría a la madre, mientras que la placenta puede traerle muerte e infortunio.

Para algunas familias campesinas andinas, las disposiciones aplicadas a la preparación y disposición de la placenta concluyen formalmente un nacimiento. Son parte integral de la protección del niño, la madre y la comunidad, como sería “la bendición de la maternidad” en la iglesia católica.

En un nivel muy elemental, los rituales andinos de la placenta funcionan como formas de tratar con lo desconocido. Son métodos para organizar la experiencia en unidades significativas y para influenciar en acontecimientos sobre los que la gente tradicional no podría tener control de otra manera.

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